Las tres cuartas partes de mi actividad son mentales. Pienso que paso demasiado tiempo pensando. Pienso que tengo que pensar menos y hacer más. Pienso que pensar tiene su tiempo, y lo tengo que encontrar.

martes, 11 de septiembre de 2012

Historias del hospital (7ª parte, 05/09/2012).


 ¡¡¡¡¡Por fin!!!!!. Se acabó el tostón, (nunca mejor dicho). Estoy muy contenta y me voy a celebrarlo, así que hoy no os cuento nada. Además tengo que preparar el equipaje para las vacaciones, que las empiezo el lunes. Pero no os perdáis los siguientes capítulos porque estos que quedan son los mejores. Me queda por contaros todas las cosas buenas que me han pasado en estos días. ¿O acaso pensabais que sólo me fijo en lo malo?"

Historias del hospital (6ª parte, 04/09/2012)


 Contando las horas estoy, pero ya lo voy a dejar porque me estoy poniendo nerviosa. Hoy ha ido todo como la seda. Incluso el enfermero borde ha sido amable y creo que ha sido porque me ha visto vestida. Parece una tontería ¿verdad? pero no lo es. Hombre, cómo va a ser lo mismo verme como una persona normal, que ver a una nazarena pequeña, con una bata/túnica de la talla G, que casi me llega a los tobillos, con las mangas requetedobladas para que me asomen las manos, y de ahí, a verme con las tetas a su caer (que las mías ya no están al aire, están a su caer). No es lo mismo. Ese hombre ha descubierto hoy que soy un ente humano, de las mismas características del resto de entes con los que él se relaciona a diario en su vida cotidiana. Y eso.... eso ha cambiado su perspectiva y le ha fluido el trato normal de persona a persona. Pasmada me he quedado. Creo que mañana voy a llevar en la mano una foto mía, vestida, por si acaso olvida que soy una persona y vuelve a ser borde. Sí, va a ser lo mejor, porque mañana es mi último día y si me tocan las narices no me voy a poder aguantar y les voy a vomitar todo el coraje que tengo dentro. Si todo va bien, mañana empezaré a olvidar.

Historias del hospital (5ª parte, 03/09/2012)


Historias del hospital: 5ª parte (la 4ª me la salté involuntariamente y he puesto dos 3ª partes, para que cada uno elija la que quiera). Hecha esta imprescindible aclaración, procedo a contar. Hoy ha empezado la cuenta atrás. Si esa gente no me engaña, (no me fío un pelo de ellos/as), el miércoles termina mi diaria peregrinación. ¡Yupiiiiii! Hoy se han producido cambios importantes. Primero: ya no está la prima de Juan Tamariz, así que ha sido llegar y pegar. Sólo he tenido que decir mi nombre una vez y todo arreglado. Segundo: ese infame celador, al que ya sólo me quedaba insultar en alto, porque lo que es por lo bajini le he dicho de todo, ha desaparecido del mapa. Ha sido genial. Todo iba perfecto hasta que oí mi nombre por el megáfono. Era una voz masculina y..... sí, mis sospechas se hicieron realidad, allí, junto a la camilla "el enfermero borde". Por supuesto no me ha contestado ni cuando le he dicho buenas tardes, ni cuando le he dicho hasta mañana. Tan sólo se ha dirigido a mí para decirme ¡no te muevas!. El cuerpo entero me ha temblado, porque es de esos tipos que te parecen que sí no haces lo que te dice, te va a poner en el centro de una sala llena de gente y te va a decir ¡Inútil!. Ay, dios mío, es lo que tiene no llegar a médico y quedarse en enfermero. Es la frustración la que le imprime carácter. Así que, por lo que se ve, el miércoles, mi último día, voy a seguir el consejo de una amiga y, teniendo en cuenta que este tipo te observa por las cámaras, cuando me pongan los brazos en los soportes, cerraré los puños y, lentamente, extenderé los dedos corazones, como si fueran un par de banderillas. ¿Cómo lo véis?

Historias del hospital (3ª parte, bis, 01/09/2012)


¿Alguien se ha preguntado alguna vez que hay detrás de esas puertas, en los hospitales, donde pone "Prohibido el paso"? Yo, como soy poco curiosa, no me lo había planteado, justo hasta ayer. Mientras esperaba mi turno, sentada en esos sillones que han sentido más culos que......., que yo qué se, veo que mi odiada enfermera del mostrador, sale de su garita y pasando por delante de mi, se mete en un pasillo donde hay una de esas puertas: "Prohibido el paso". Ella entra ahí, con ese aire de, "mira, esta es la diferencia entre tú y yo. Yo entro y tú no." Ni siquiera en ese momento me planteo qué hay detrás de la puerta. Total a mí que me importa. Como si se queda ahí atrapada para siempre y nadie la puede rescatar porque sólo ella tiene permiso para entrar. Las prohibiciones tienen esas cosas. Pero.... atención, al cabo de unos minutos aparece, como por arte de magia, sentada de nuevo en su mostrador. ¡Milagro!, pensé. Fíjate la colega, tiene poderes, se teletransporta. Mi suerte es que sí hay gente curiosa y más aterrizada que yo, que se atreve a preguntarle, ¿pero bueno, tú por dónde has salido? Y ella, la enfermera, que acaba de percatarse que es el centro de atención, que todas las personas de los sillones, (que estamos tan aburridos), la miramos, pone su cerebro a funcionar, (con algún esfuerzo, claro) y sonriendo con cara de "pá que veas" dice.... ah, bueno..... de por ahí, sin señalar ningún sitio concreto. Es en ese preciso instante cuando, mirando el cuadro descolorido que hay en la pared, el de la niña vestida de comunión, con un traje más antiguo que Vitorio y Luchino, comprendo que el hospital debe ser del tiempo de la guerra y tiene pasadizos secretos. Me aliso el escaso vello de mis brazos (siempre lo hago cuando miro ese cuadro) y vuelvo mi vista a la enfermera y entonces me entra la duda, porque esa mujer, con esa cara, podría perfectamente ser prima de Juan Tamariz, o de Paco Umbral, y la cosa cambia, claro. Si es prima de Juan Tamariz puede que sepa hacer magia, y entonces ni pasadizos secretos ni ná de ná. Pero...¿ y si es prima de Paco Umbral? No, no puede ser, llevaría una bufanda.

Historias del hospital, (3ª parte, 30/08/2012).


 No me extraña que estemos en la ruina. Llevo más de treinta días, que se dice pronto, visitando el hospital. Instrucciones: cuando digan tu nombre por megafonía te bajas a la unidad y te pones una bata de este armario, dejas tu ropa en un vestidor y te sientas a esperar que te vuelvan a nombrar, y ya pasas dentro de la unidad. Una vez entras a la unidad, te quitas la bata y te tumbas en la camilla. Cuando acabe la sesión (diez minutos mal contados), te pones la bata, vuelves al vestidor, te colocas tu ropa (siempre pensando “dios mío que no se la hayan llevado”) y te vas por donde has venido, eso sí, dejando la bata en los sacos de ropa para lavar. Pero vamos a ver, ¿ropa para lavar? ¡Sí sólo la he usado tres minutos! ¿no sería mejor que me la llevase a mi casa y la usara, al menos durante una semana? Prometo devolverla cuando termine mi calvario. Pues nada, así todos los días. Eso debe ser antiecológico y todo. Y así están las batas, transparentes, que cualquier día me engancho con algo y me quedo en pelotas en mitad de un pasillo.

Historias del hospital (2ª parte, 29/08/2012)




Alguna mujer piensa que su empresa debe darle las gracias por ir a trabajar. Eso, y pagarle el sueldo. Por ello se permite el lujo de desaparecer de su puesto cuando le apetece, porque ella lo vale. Relato. Tengo las siguientes instrucciones: cuando llegues al hospital te acercas al mostrador y le dices a la enfermera tu nombre y la máquina que te corresponde. Vale, es sencillo. Pero nadie me ha dicho qué hago si la enfermera no está. Tampoco se lo han dicho al resto del personal, por lo que no puedo copiar a nadie. Eah, eso es lo que hay. Por fin llega, relajada, sin prisas, total ella tiene que estar ahí hasta las 9 de la noche, ¿para qué va a correr? si la gente que la esperamos no tenemos nada que hacer, de hecho vamos al hospital por gusto, a dar por saco, a hacer gasto, más concretamente vamos a joderla a ella, así que ya nos jode ella antes por si acaso. Bien, ya la tenemos en su puesto, se sienta, te mira con cara de fastidio. Tú le pones tu mejor sonrisa y le dices "buenas tardes" y no le dices "cacho cabrona", mi nombre es Inmaculada Muñoz, máquina 1. Y ella, te sonríe con desgana, mira la pantalla del ordenador con la cabeza muy alta y te dice, Ana Miranda ¿no? No, Inmaculada Muñoz. A ver.... ah, sí, Pilar Morales ¿no?. Te callas pensando ¿esta tía está de cachondeo, o de verdad es así de tonta? y le vuelves a decir, ahora elevando la voz, Inmaculada Muñoz, máquina 1. Ah, sí, ya está. En ese momento me doy cuenta que tengo las cejas más de punta que Zapatero y los dientes apretados. Y pienso, señor, dame paciencia porque si me das fuerza....


Historias del hospital, (1ª parte, 28/08/2012)


Historias del hospital: ¿Esto es una sala de radioterapia o el camarote de los hermanos Marx? Me explico. Tengo que tumbarme en una camilla, con los brazos hacia arriba, apoyados en unos soportes, de manera que parece que te han puesto en una camilla de ginecología, pero al revés, en lugar de las piernas colgando y abiertas, son los brazos los que pones en esta posición. Después de moverte milimétricamente, para que los puntos perennes que te han dibujado en el cuerpo cuadren con otros puntos que tú no sabes dónde están, las enfermeras dicen "ya lo tengo" y cogen un mando a distancia y comienzan a mover la camilla a trompicones, para arriba, para abajo a derecha e izquierda. Qué tensión me entra, sólo puedo pensar: ¡madre mía que me van a descuadrar!. En fin, yo ahí, quieta, intentando no moverme con las sacudidas de la camilla. Y, cuando ya ellas consideran que aquello está en condiciones se van corriendo y una máquina descomunal empieza a hacer un ruido de campo magnético, como si te fuesen a dar un calambrazo de campeonato. Pero no sientes nada, sólo ruido. Todo esto que acabo de relatar dura apenas diez minutos. ¿Uds, ven lógico que en este corto espacio de tiempo y en el transcurso de una semana, hayan pasado por ahí, un celador y un informático? ¿Qué pasa, mis tetas y yo somos espectaculares, o pura basura? Y si alguien tiene la osadía de decir que esto no tiene importancia, o que no es para tanto, le reto a que se ponga con las tetas o los huevos al aire (cada uno lo que tenga), en esa extraña pose, más propia de una película sadomasoquista que de un tratamiento médico y quede expuesto a la vista de un celador que llega a dejar unas sábanas, o de un informático que va a ver si le pasa algo a la pantalla de ordenador. ¡Pero SI SOLO ESTOY DIEZ MINUTOS, no pueden esperarse un momento!. No lo entiendo. Estoy muy cabreada. O me dan pronto el alta o me voy a cagar en todo el que trabaja allí. Soy una persona, oiga.”