Estaba yo sentada, mirando al horizonte tratando de encontrar a un nadador que estaba atravesando la costa entera y que se me había perdido en un despiste, cuando veo en la orilla una cosa rara, que iba y venía al compás de las olas. Me recordaba a la espuma que le sale al cocido, pero en plan ganso, como si el tocino estuviera tratando de salirse de la olla hirviendo. Pero observo que nadie se cosca, así que empecé a pensar que me estaba dando una insolación. Para salir de dudas me acerqué a la orilla y cuando vi ese champiñón gigante con unos tentáculos más largos que mis brazos, contuve la respiración y llamé a mi amiga con la misma prisa que si hubieras visto un famoso de hollywood y quieres que lo vea porque luego si lo cuentas no te cree. Ambas nos quedamos perplejas viendo ese ejemplar de la naturaleza, pero más todavía viendo que nadie se daba cuenta. Pero, por favor, si sólo le faltaba cantar la traviata. Fui por el móvil, le hice una foto y volví a mi silla de cuatro posiciones a seguir buscando al nadador al tiempo que controlaba que nadie se acercara a aquella cosa en un radio de metro y medio. En esas estaba cuando la vecina de sombrilla se da cuenta y se levanta a ver qué era esa cosa rara, y cuando la mujer comprueba que no era un pulpo gigante y que tenia que seguir pensando en el menú del día, se puso a dar alaridos llamando la atención de su amiga que la miraba cómo diciendo, qué haces loca? Y ya viendo que aquello era serio se levantó y después no se exactamente qué pasó porque la playa entera se arremolinó alrededor del champiñón con sus móviles para inmortalizar el espectáculo, sin darse cuenta que el espectáculo eran ellos mismos. Un hombre gordo vino grabando desde su silla y no apagó el móvil hasta que se llevaron el cadáver. Digo esto porque luego veréis qué pasó. Mientras esto ocurría mi amiga y yo estábamos esperando a ver si volvían de su paseo los dos vigilantes de la playa y el socorrista para ver qué hacían, mientras nos reíamos pensando que seguro que salían corriendo. Y allí venían, tan tranquilos, como si fuese normal ver un montón de gente en la orilla grabando algo que no sea un muerto. Por fin llegaron y al comprobar el motivo del desconcierto decidieron, con tranquilidad, que había que llevarse la medusa, así que fueron al chiringuito a pedir una pala y una bolsa. Al llegar con la pala, una mujer que acababa de darse cuenta de qué pasaba, enloqueció de repente y se puso a gritar como una poseída "esperarse, esperarse un momento hombre, que voy por el móvil" y salió corriendo. Por supuesto nadie le hizo el menor caso y los tres agentes improvisados de la autoridad náutica procedieron. El que llevaba la pala debió pensar que aquello era coser y cantar, así que metió la pala debajo de la medusa e intentó levantarla. Casi se cae al suelo. Ay, la juventud, que poca habilidad para el cálculo. Tras varios intentos, demostrando lo tonto que era, el chaval optó por algo más salvaje y animado por la horda, le pegó un palazo a la medusa con el filo de la pala y le arrancó un cacho. Hasta tres bolsas de basura llenaron con los trozos de la medusa descuartizada. Y ya, cuando le estaban haciendo los nudos a las bolsas, se oyen unas voces "pero qué hacéis, os dije que esperarais, que iba por el móvil, me cago en la leche ya no lo he podido grabar. Hombre, por favor, que he ido a mi casa y todo por el móvil". De verdad os digo que todavía me duelen los músculos de la risa. Total, que los descuartizadores se fueron con el cadáver y la gente se dispersó. Bueno, no todos, la mujer que había ido a su casa por el móvil fue de sombrilla en sombrilla rogando que le pasaran por whatsapp algún vídeo o foto. Alguien se chivó y le contó que el hombre gordo lo había grabado todo, todo, todo. Y allá se fue. Espero que lo consiguiera, porque esa mujer se pondría mala si no pudiera contar esta historia que ni tiene en su móvil ni en su cabeza, porque se lo perdió todo, todo, todo. Moraleja: a la mierda el móvil.
Las tres cuartas partes de mi actividad son mentales. Pienso que paso demasiado tiempo pensando. Pienso que tengo que pensar menos y hacer más. Pienso que pensar tiene su tiempo, y lo tengo que encontrar.
viernes, 11 de septiembre de 2015
lunes, 7 de septiembre de 2015
Sin prisa, pero sin pausa.
Sin prisa pero sin pausa he entrado en la Edad Media, esa en la que sabes que ya no eres joven, pero tampoco te sientes vieja. Esa edad en la que tienes más soluciones que problemas, más proyectos para menos tiempo, y màs ganas que desgana y lo mismo te apuntas a una ronda de patadas en la espinilla que al bautizo de una muñeca. La cuestión es no perder un lujoso minuto. En este punto en que toda distancia es poca, cambias tus malas versiones de refranes populares, el "deja para mañana lo que no tengas ganas de hacer hoy" por el consabido "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy". Lo imposible se transforma en nunca se sabe porque creo que ni siquiera alucinaría si viera un burro volando. Es como si estuvieras de vuelta de todo aunque sabes que ni siquiera ha sonado el pistoletazo de salida. Con la Edad Media adquieres una increíble capacidad de calibrar cosas y personas, colocando a cada uno en la caja que le corresponde, sin titubeos y con mínimo margen de error. Sustituyes lo bonito por lo práctico.Lo inútil va directo a la basura dejando de ocupar espacio en tu cabeza y en tu casa. Hasta para discutir eliges contrincantes a tu altura, nada de perder el tiempo con quien sabes, no que no te va a dar la razón, porque menuda estupidez sería discutir para ganar o perder en lugar de para aprender, sino que no sabe de qué le hablas y la discusión se convierte en un discurrir paralelo de monólogos. Cada loco son su tema. Hacer cosas por compromiso pasó a la historia y el insomne cargo de conciencia ni lo recuerdas porque a estas alturas ya sabes qué hacer y qué no hacer para evitarlo. Mi falta de imaginación la suplo con mis sueños. Y los sueños.... sueños son.
Me deseo una larga y divertida Edad Media y una lejana Edad de Piedra, esa en la que te quedas petrificada porque los achaques de tu cuerpo y de tu mente no te dejan ni moverte. Pero de eso.... ya hablaremos, si eso.
Me deseo una larga y divertida Edad Media y una lejana Edad de Piedra, esa en la que te quedas petrificada porque los achaques de tu cuerpo y de tu mente no te dejan ni moverte. Pero de eso.... ya hablaremos, si eso.
viernes, 10 de abril de 2015
Más o menos, pero pijas
En este momento tengo en mente cuatro tipos diferentes de personas pijas, con toda la carga de subjetivismo que la calificación supone.
La primera entra en la categoría de pija original. Es la pija de nacimiento, la que lo lleva en los genes y luce su pijerío con una asombrosa naturalidad, asumiendo que es algo consustancial a su propio ser y de lo que se siente orgullosa. Si pudiera, cuando le preguntaran por su estado civil contestaría de forma inmediata y con ese tono de ¿es qué no se nota? "Soy Pija, claro". Una verdadera pena que no exista este estado civil. Para hacernos una idea podemos imaginar a Paris Hilton con un mono de mecánica (haciendo el esfuerzo ilusionante de imaginar que hay mujeres mecánicas). Seguro que llevaría el cuello del mono levantado como Nati Abascal, los labios en fresa brillantina, y para acompañar el conjunto un discreto bolso deportivo Louis Vuitton, en tonos amarillos para que resalte el bolso y, si eso, el mono, y, en la parte más baja de su cuerpo, o sea, los pies, un par de sencillas Air Force 1 de Nike. En su mano derecha un sándwich (en español se dice emparedado, pero suena hasta raro), con lechuga ecológica, espárragos blancos y dos rodajas de pepino. En su mano izquierda un botellín de budweiser, sin alcohol, claro. Tan particular...
La segunda clase de pija engrosa la categoría de pija disfrazada. Ésta también es pija de nacimiento, pero al contrario que la anterior, trata de aparentar ser una pobre-progre, con un discurso tipo "podemos", cargado de solidaridad, ecología, globalización, me gustan los negros, los gitanos y los moros más todavía, y viva la vida. Sus bellas ideas distan millones de kilómetros de su portátil apple a juego con su iphone y su ipad, de sus vecinos residenciales, y hasta de la chica blanca, paisana del barrio periférico que limpia en su casa. Esa casa adosada y sus vacaciones en Cadaqués la delatan. Esta pija se da paseos por el infierno sabiendo que siempre volverá a su perfecto cielo, eso sí, con la conciencia muy tranquila por portarse como una auténtica ciudadana terrícola, al menos, de palabra. Oiga, no cuela.
La tercera clase de pija es mi favorita. Aquí entramos de lleno en la categoría de pija de camuflaje. Esta pija pasa desapercibida hasta para las vistas más avezadas. Nada en su proceder la delata y lleva su tiempo desenmascararla. Se mimetiza perfectamente con cualquier ambiente. No selecciona, todo le va bien, pero, eso sí, sin perder ni un ápice de su particular estilo. Con el tiempo vas descubriendo esos pequeños detalles, ese gusto por lo exquisito..., para que me entiendas: la infanta Cristina con vaqueros, andando por la calle, si no supiéramos que es infanta, claro.
Y llegamos a la última pija a la que encontramos en la categoría de pija por vocación. No nació pija, una auténtica putada. Pero su vocación le lleva a intentar convertirse en lo que siempre ha soñado. Vestir como una pija, hablar como una pija, vivir como una pija. Tras años de dedicación se siente diferente, superior realmente, a los de su clase, a esos que no han sabido superarse y se quedan ahí, como personas normales, sin importarles su apariencia, a esos que son como son, así, sin más, sin una mínima intención de ser lo que no son. Tras años de dedicación se siente diferente, inferior realmente, a los de su adoptada clase, sus ídolos, esos que no han necesitado superarse y se quedan ahí, como pijos que son, sin importarles su apariencia, esos que son como son, así, sin más, sin una mínima intención de ser lo que no son. ¡Vaya, qué curiosa coincidencia! Esta categoría vive en el limbo, ni son como son ni como quieren ser. Oh, lástima.
Yo siempre prefiero originales. Rechazo las imitaciones. Con todo mi cariño a esas amigas pijas que tanto me cabrean como me hacen reír.
La primera entra en la categoría de pija original. Es la pija de nacimiento, la que lo lleva en los genes y luce su pijerío con una asombrosa naturalidad, asumiendo que es algo consustancial a su propio ser y de lo que se siente orgullosa. Si pudiera, cuando le preguntaran por su estado civil contestaría de forma inmediata y con ese tono de ¿es qué no se nota? "Soy Pija, claro". Una verdadera pena que no exista este estado civil. Para hacernos una idea podemos imaginar a Paris Hilton con un mono de mecánica (haciendo el esfuerzo ilusionante de imaginar que hay mujeres mecánicas). Seguro que llevaría el cuello del mono levantado como Nati Abascal, los labios en fresa brillantina, y para acompañar el conjunto un discreto bolso deportivo Louis Vuitton, en tonos amarillos para que resalte el bolso y, si eso, el mono, y, en la parte más baja de su cuerpo, o sea, los pies, un par de sencillas Air Force 1 de Nike. En su mano derecha un sándwich (en español se dice emparedado, pero suena hasta raro), con lechuga ecológica, espárragos blancos y dos rodajas de pepino. En su mano izquierda un botellín de budweiser, sin alcohol, claro. Tan particular...
La segunda clase de pija engrosa la categoría de pija disfrazada. Ésta también es pija de nacimiento, pero al contrario que la anterior, trata de aparentar ser una pobre-progre, con un discurso tipo "podemos", cargado de solidaridad, ecología, globalización, me gustan los negros, los gitanos y los moros más todavía, y viva la vida. Sus bellas ideas distan millones de kilómetros de su portátil apple a juego con su iphone y su ipad, de sus vecinos residenciales, y hasta de la chica blanca, paisana del barrio periférico que limpia en su casa. Esa casa adosada y sus vacaciones en Cadaqués la delatan. Esta pija se da paseos por el infierno sabiendo que siempre volverá a su perfecto cielo, eso sí, con la conciencia muy tranquila por portarse como una auténtica ciudadana terrícola, al menos, de palabra. Oiga, no cuela.
La tercera clase de pija es mi favorita. Aquí entramos de lleno en la categoría de pija de camuflaje. Esta pija pasa desapercibida hasta para las vistas más avezadas. Nada en su proceder la delata y lleva su tiempo desenmascararla. Se mimetiza perfectamente con cualquier ambiente. No selecciona, todo le va bien, pero, eso sí, sin perder ni un ápice de su particular estilo. Con el tiempo vas descubriendo esos pequeños detalles, ese gusto por lo exquisito..., para que me entiendas: la infanta Cristina con vaqueros, andando por la calle, si no supiéramos que es infanta, claro.
Y llegamos a la última pija a la que encontramos en la categoría de pija por vocación. No nació pija, una auténtica putada. Pero su vocación le lleva a intentar convertirse en lo que siempre ha soñado. Vestir como una pija, hablar como una pija, vivir como una pija. Tras años de dedicación se siente diferente, superior realmente, a los de su clase, a esos que no han sabido superarse y se quedan ahí, como personas normales, sin importarles su apariencia, a esos que son como son, así, sin más, sin una mínima intención de ser lo que no son. Tras años de dedicación se siente diferente, inferior realmente, a los de su adoptada clase, sus ídolos, esos que no han necesitado superarse y se quedan ahí, como pijos que son, sin importarles su apariencia, esos que son como son, así, sin más, sin una mínima intención de ser lo que no son. ¡Vaya, qué curiosa coincidencia! Esta categoría vive en el limbo, ni son como son ni como quieren ser. Oh, lástima.
Yo siempre prefiero originales. Rechazo las imitaciones. Con todo mi cariño a esas amigas pijas que tanto me cabrean como me hacen reír.
domingo, 25 de mayo de 2014
Fútbol y Política
Dos espectáculos tan diferentes y tan parecidos. Vaya por delante que yo de fútbol no entiendo nada, ni siquiera me gusta. Con la política me pasa exactamente lo mismo, pero mientras el fútbol me trae sin cuidado, no puedo evitar que la política afecte a mi vida cotidiana. Ayer presté atención al famoso partido de fútbol del que todo el mundo hablaba mientras buscaba en internet información sobre las candidaturas que se presentan a las elecciones, más por ver las fotos que por leer los textos, en los que hace tiempo dejé de creer.
Mirando el fútbol y leyendo sobre las elecciones comprobé cuánto tienen en común uno y otro espectáculo: En fútbol hay muchos equipos, pero sólo destacan dos, el real madrid y el barcelona
En política hay muchos partidos, pero sólo destacan dos, el psoe y el pp
Tanto en fútbol como en política, a quienes observamos su devenir, nos meten goles por todos lados.
Futbolistas y polític@s (de los dos equipos/partidos destacados) no sólo tienen los mejores coches del mercado, sino que se embolsan cantidades ingentes de dinero, aunque aquí hay una pequeña diferencia, los futbolistas sudan para conseguirlo, y a veces hasta se lesionan, mientras que l@s polític@s ni se despeinan.
Tanto los equipos como los partidos tienen un banquillo de personas que esperan su turno para salir a lucirse y una fila cero donde colocar a quien se jubila con un sueldo para siempre y un cargo de extraño nombre como "asesor/a de no se qué, coordinador/a de no se cuánto o, sencillamente, miembro honorífico de algo.."
Futbolistas y polític@s tienen un precio, excesivo en ambos casos.
Gente sin estilo con ropa de marca.
En fútbol y en política siempre hay quien destaca por su buen hacer, da igual en qué equipo jueguen o en qué partido militen. Brillan con luz propia.
Equipos y partidos también coinciden en la movilización de masas fieles y enardecidas que les siguen allá donde vayan, agitando bufandas o banderas, según se tercie.
Ni en fútbol ni en política puedes dar nada por hecho. No siempre gana el favorito. Lo bueno en ambos casos es que siempre hay a quién echarle la culpa, el entrenador y el/la candidat@ principal que serán guillotinad@s públicamente para limpiar las vergüenzas de los verdaderos culpables. No se preocupen, la guillotina está amañada y no llegan a perder la cabeza, sólo pasan un tiempo al anonimato, el tiempo suficiente para que se nos olvide lo mal que lo hicieron y les volvamos a dar una oportunidad. Pero, en ningún caso, se les suspende de empleo y sueldo ni pasan a engrosar las listas del paro. Eso que ganan nuestras estadísticas.
No tenía nada claro a quién votar para estas elecciones europeas tan importantes y tan poco valoradas por ignorancia de su verdadera relevancia. Pero el resultado del partido de fútbol me abrió los ojos. ¡Atléééétic, Atléééétic...!
Mirando el fútbol y leyendo sobre las elecciones comprobé cuánto tienen en común uno y otro espectáculo: En fútbol hay muchos equipos, pero sólo destacan dos, el real madrid y el barcelona
En política hay muchos partidos, pero sólo destacan dos, el psoe y el pp
Tanto en fútbol como en política, a quienes observamos su devenir, nos meten goles por todos lados.
Futbolistas y polític@s (de los dos equipos/partidos destacados) no sólo tienen los mejores coches del mercado, sino que se embolsan cantidades ingentes de dinero, aunque aquí hay una pequeña diferencia, los futbolistas sudan para conseguirlo, y a veces hasta se lesionan, mientras que l@s polític@s ni se despeinan.
Tanto los equipos como los partidos tienen un banquillo de personas que esperan su turno para salir a lucirse y una fila cero donde colocar a quien se jubila con un sueldo para siempre y un cargo de extraño nombre como "asesor/a de no se qué, coordinador/a de no se cuánto o, sencillamente, miembro honorífico de algo.."
Futbolistas y polític@s tienen un precio, excesivo en ambos casos.
Gente sin estilo con ropa de marca.
En fútbol y en política siempre hay quien destaca por su buen hacer, da igual en qué equipo jueguen o en qué partido militen. Brillan con luz propia.
Equipos y partidos también coinciden en la movilización de masas fieles y enardecidas que les siguen allá donde vayan, agitando bufandas o banderas, según se tercie.
Ni en fútbol ni en política puedes dar nada por hecho. No siempre gana el favorito. Lo bueno en ambos casos es que siempre hay a quién echarle la culpa, el entrenador y el/la candidat@ principal que serán guillotinad@s públicamente para limpiar las vergüenzas de los verdaderos culpables. No se preocupen, la guillotina está amañada y no llegan a perder la cabeza, sólo pasan un tiempo al anonimato, el tiempo suficiente para que se nos olvide lo mal que lo hicieron y les volvamos a dar una oportunidad. Pero, en ningún caso, se les suspende de empleo y sueldo ni pasan a engrosar las listas del paro. Eso que ganan nuestras estadísticas.
No tenía nada claro a quién votar para estas elecciones europeas tan importantes y tan poco valoradas por ignorancia de su verdadera relevancia. Pero el resultado del partido de fútbol me abrió los ojos. ¡Atléééétic, Atléééétic...!
domingo, 2 de febrero de 2014
La torre de Babel
Aquí estoy, entre las segundas rebajas y las adelantadas chirigotas que ya se oyen por ahí, intentando descifrar algunos misterios de las relaciones socio-tecnológicas. Hace unos días hemos creado un grupo de whatsapp entre los compañer@s de trabajo, que somos cinco gatos, todo hay que decirlo. Y menos mal, porque si fuésemos más, creo que me habría internado voluntariamente en un sanatorio mental, si es que aún existe esto, o habría suplicado a mi médico de cabecera una lobotomía cerebral que anulara mi parte socio-telefónica. Este grupo ha sido creado con la finalidad de usarlo en casos de emergencia, para mensajes relacionados con el trabajo, y así se explicaba en el mensaje de bienvenida, con la expresa indicación de que no pasa nada si no se usa. Y una porra. Fue ponerlo en marcha y empezar a llegar mensajes que si tenían relación con el trabajo era pura casualidad. Y claro, a ver quién se resiste a no contestar. Bueno sí, Belinda, que es de las pocas personas que conozco que dicen que pasan del móvil y pasan de verdad. De ahí su apodo, Belinda la muda, porque no dice ni mu. El resto del grupo no tenemos apaño, es como si acabáramos de ser rescatados de un retiro espiritual en el que no hemos podido hablar con nadie. Qué ansia viva. La conversación resulta absurda, atropellada. Tod@s lanzad@s a ver quién dice la tontería más tonta o tiene el video más gracioso, o la viñeta más divertida. Mientras alguien contesta a alguien, otro inicia nuevo tema que, mezclado con los tres anteriores, forman un batiburrillo que al final ni sabes con quién hablas ni de qué. Qué lío. Parece una competición de "haber quien tiene las pulsaciones dactilares más rápidas". Y ni te cuento con tanto correr escribiendo la de errores que se cometen: "ewta djramos mu kas" y cosas por el estilo. Es que no da tiempo ni a reírte. Y esto empieza de repente. Alguien dice algo y el resto a contestar. Pero lo que más me alucina es como terminan estas conversaciones. Acaban de golpe y porrazo, sin un adiós, como si sonara el toque de queda. Zas. Da igual que haya preguntas en el aire. Ahí se quedan, hasta la próxima.
domingo, 15 de diciembre de 2013
Navidad, Navidad, salada Navidad.
Lo de salada Navidad es porque yo soy más de jamón y embutidos variados que de turrones. No es la navidad una de mis temporadas favoritas. ¿Qué por qué? Porque la relaciono con el frío y con los peces en el río, con estruendo de panderetas y zambombas, con el gorrito rojo con el ribete blanco. Y, para lo poco que veo la tele, no hacen más que poner películas ñoñas de Santa Claus, paseando en su trineo de ciervos con cascabeles que hacen música de campanitas, resolviendo desgracias y desamores, en un mundo de calles llenas de luces y tiendas, donde hay mucha gente comprando a destajo, con mucha prisa y cenando a las seis de la tarde (las cosas de los guiris), y que siempre terminan muy muy bien, con un final más que perfecto, eso sí, gracias a la magia navideña de Santa Claus. La vida misma. De todas formas me lo tomo con deportividad y me quedo con lo bueno, que también de esto hay. Me encantan las comidas familiares, esas que te pasas todo el día cocinando y poniendo la mesa bien bonita, y luego llegan los comensales, se lo trincan todo en dos coma tres y se van corriendo. Me cago en la leche. Perdón, es que acaba de venirme a la mente esa cocina llena de platos y esa bolsa de basura hasta las trancas de cabezas de gambas. Y eso no es lo peor. Lo peor viene después, cuando tras cocinar para el triple de personas que venían a cenar, te pasas comiendo las mismas sobras los tres días siguientes. ¿Y qué me dices de la ilusión de la lotería?, si, ya lo sé, que está muy bien pero dura muy poco, justo lo que tarda en salir el gordo y comprobar que este año tampoco te ha tocado. Pero, hasta ese momento, has acabado con el hambre mundial, le has quitado las trampas a toda tu familia y te has comprado una cantidad ingente de tonterías que ni siquiera sabes qué hacer con ellas. ¿Sabes qué? que casi mejor que no te toque la lotería, mejor que le toque a Santa Claus, a ver si cambia los ciervos por un seat ibiza y se da un corte de pelo y de barba, que está más visto que el belén de mi casa, que creo que es de mi edad más o menos. Por fin termina el 2013, que yo soy tela de supersticiosa y he estado todo el año acojonada, esperando los males del trece. Bueno, aún sigo con los dedos cruzados, que nunca se sabe. Y es que después de ver el anuncio de la lotería de este año, se me han puesto los pelos de punta y me ha dado por pensar que es la imagen viva de lo horrible, una premonición de algo horroroso. Bah, qué tontería. Igual me entra el susto que me lo quito intentando razonar. Hasta que mi madre aparece poniendo una cara rara y moviendo la mano como en la canción de cinco lobitos tiene la loba y diciendo, lalalalalá la la la, y me entra el susto otra vez. Que le ha hecho gracia a la buena mujer lo de Raphael y anda todo el dia imitándolo. Estoy por congelarla y ponerla en el belén, al menos hasta que se le olvide la sintonía, al lado de las ovejas y los patos. Cumpliendo con la tradición navideña de felicitar las fiestas, aprovecho este momento para hacerlo y para desearle a quien lea esto, un feliz año nuevo. A ver si es posible que podamos vivir en paz y armonía, hombre ya.
domingo, 17 de noviembre de 2013
Arquitectura versus arquiternura
Hace mucho tiempo que tenía la necesidad de hacer algún cambio en mi casa. Algo no encajaba y tenía que solucionarlo, pero nunca encontraba el momento. Mi vivienda es un piso normal y, como tal, tiene los problemas normales de los pisos normales, es decir, los dormitorios dispuestos para que todos los vecinos durmamos cabeza con cabeza. Esto lo solucioné rápido, colocando armarios en lugar de cabeceros, pero perdí los enchufes e interruptores dispuestos para la colocación de las mesillas de noche, que han quedado tapados y anulados por los armarios. Desde aquí hago un llamamiento a los decanos y decanas, si hay alguna, de las facultades de arquitectura y similares, para que hagan el favor de dejar claro, en todas y cada una de sus asignaturas, que si alguien quiere dormir con su vecino, se instala en su casa y se deja de historias virtuales con tabique de por medio. El otro problema que no solucioné en su momento y que me daba quebraderos de cabeza era el salón. Aquí, el lince que diseñó la vivienda decidió poner los enchufes de televisión y teléfono en la pared menos indicada, con lo que tuve que forzar la disposición de los muebles para que todo encajara, y la cosa no quedó bien, no me resultaba cómoda, así que no hacía más que darle vueltas y vueltas hasta que hace poco me decidí. Es importante sentirte a gusto en tu casa.
Llevo aproximadamente un mes re-decorando mi casa conforme a un plan previamente fijado, cerrado y sellado, que ha ido diluyéndose y cambiando de color conforme pasaban las horas. Para eso parece que son los planes, para huir de ellos y llegar a la conclusión de que la vida, con sus misterios, produce cambios en los planes de decoración y no hay ningún estudio científico sobre esto. Llamaré a Punset. Ahora tengo claro que en la enseñanza obligatoria hay que incluir el bricolaje. Esto aseguraría más larga vida a tus planes, a esos que llevas varios meses diseñando con ilusión y cuentas matemáticas para que todo cuadre. Así se evitaría tener que escuchar las opiniones de pintores, electricistas... que, en toda tu cara y sin ningún miramiento te dicen que ese color de pared es raro y no quedará bien, o que para qué quieres una conexión de televisión en tal sitio, o qué más da que la lámpara esté aquí o allí, pero vaya, que a ellos les da igual, que cada uno ponga las cosas donde quiera, que ellos no se meten en eso. Pues menos mal. Y tú, después de escuchar opiniones no solicitadas, te quedas con cara de poker, y con cierta vergüenza absurda les dejas claro que eso es lo que quieres, mientras piensas que no los vas a llamar más y que habría que ver sus casas, a ver si de verdad tienen el gusto del que presumen. Lo que hay que aguantar y encima pagando, con lo que me cabrea a mí eso, porque es descubrir que el poderoso don dinero ni siquiera te convierte en la reina de la chapuza casera. No se dónde vamos a llegar. Por suerte en mi familia, como en toda familia que se precie, tenemos un Macgyver que además de dominar las más variadas técnicas del bricolaje, realiza sus trabajos con total precisión y sin darte su opinión, salvo que se la pidas. Gracias a él me he evitado llamar al servicio de bricolaje del seguro del hogar, del que no me fío ni un pelo. Según el clausulado de la póliza tienes tres horas gratis de bricolaje, pero... me da a mí, que el operario se pasaría las tres horas buscando herramientas y, lo peor de todo, opinando si mejor aquí, mejor allí. Me quedaré con la duda, pero no creo que pierda el sueño. Antes tenía un piso, ahora tengo un hogar. Ya sabes, la arquitectura para la estructura y la arquiternura para los interiores.
Llevo aproximadamente un mes re-decorando mi casa conforme a un plan previamente fijado, cerrado y sellado, que ha ido diluyéndose y cambiando de color conforme pasaban las horas. Para eso parece que son los planes, para huir de ellos y llegar a la conclusión de que la vida, con sus misterios, produce cambios en los planes de decoración y no hay ningún estudio científico sobre esto. Llamaré a Punset. Ahora tengo claro que en la enseñanza obligatoria hay que incluir el bricolaje. Esto aseguraría más larga vida a tus planes, a esos que llevas varios meses diseñando con ilusión y cuentas matemáticas para que todo cuadre. Así se evitaría tener que escuchar las opiniones de pintores, electricistas... que, en toda tu cara y sin ningún miramiento te dicen que ese color de pared es raro y no quedará bien, o que para qué quieres una conexión de televisión en tal sitio, o qué más da que la lámpara esté aquí o allí, pero vaya, que a ellos les da igual, que cada uno ponga las cosas donde quiera, que ellos no se meten en eso. Pues menos mal. Y tú, después de escuchar opiniones no solicitadas, te quedas con cara de poker, y con cierta vergüenza absurda les dejas claro que eso es lo que quieres, mientras piensas que no los vas a llamar más y que habría que ver sus casas, a ver si de verdad tienen el gusto del que presumen. Lo que hay que aguantar y encima pagando, con lo que me cabrea a mí eso, porque es descubrir que el poderoso don dinero ni siquiera te convierte en la reina de la chapuza casera. No se dónde vamos a llegar. Por suerte en mi familia, como en toda familia que se precie, tenemos un Macgyver que además de dominar las más variadas técnicas del bricolaje, realiza sus trabajos con total precisión y sin darte su opinión, salvo que se la pidas. Gracias a él me he evitado llamar al servicio de bricolaje del seguro del hogar, del que no me fío ni un pelo. Según el clausulado de la póliza tienes tres horas gratis de bricolaje, pero... me da a mí, que el operario se pasaría las tres horas buscando herramientas y, lo peor de todo, opinando si mejor aquí, mejor allí. Me quedaré con la duda, pero no creo que pierda el sueño. Antes tenía un piso, ahora tengo un hogar. Ya sabes, la arquitectura para la estructura y la arquiternura para los interiores.
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