Las tres cuartas partes de mi actividad son mentales. Pienso que paso demasiado tiempo pensando. Pienso que tengo que pensar menos y hacer más. Pienso que pensar tiene su tiempo, y lo tengo que encontrar.

viernes, 24 de junio de 2016

Brexitoso

Los ingleses deciden marcharse de Europa, convencidos de estar por encima de todo y de todos. Los ingleses, muy a su pesar, son esos europeos que conducen por el lado contrario, los que usan su propia moneda, repudiando al euro como moneda paria, los que nos imponen su idioma como un moderno esperanto, que todos esperan hablar algún día porque abre más puertas que un manojo de llaves. Los ingleses se van de su casa para refugiarse en sus castillos de reinas madres, padres y abuelas. Se marchan despreciando la hermandad. Pero bueno, mira, por mí que se vayan a hacer gárgaras, eso sí, en inglés. Lo que de verdad me fastidia, porque yo de política económica no sé ni papa, ahora, en economía doméstica soy un hacha,  es que vengan los pseudo revolucionarios  que viven aquí y trabajan en Bruselas, no, no, quiero decir que cobran de Bruselas, aplaudiendo, como si el brexit fuese un acto heroico que todos deberían copiar. Lo realmente brexitoso sería que se fuesen al admirado país a vivir y dejen de hacer "puzzles" de todo lo que tocan.

jueves, 23 de junio de 2016

Playas de segunda mano

He llegado tan temprano a la playa que las gaviotas estaban durmiendo. El mar me ha recibido con tal alboroto que no me he atrevido a abrazarlo pensando que me partiría el espinazo. Al poco rato de llegar he observado cómo la gente se prepara para la mágica noche de San Juan, llenando la arena con todo lujo de provisiones, como si fuesen a echar raíces. El despertar es lento todavía.  Cuando abandone este pequeño espacio que he escogido a placer, en primera linea, con la arena bien peinada, y para hacer un poco de contraste, con la brisa marina poniéndote el cabello salvaje,  rápidamente será ocupado por esos que llegan los últimos y se plantan los primeros, mirando a su alrededor con satisfacción, como para reírse de los que han llegado sólo diez minutos antes y han tenido que colocarse en la tercera fila. Es como mandar a freír espárragos al refranero popular, ese que dice "a quien madruga, dios le ayuda". Claro que, desde mi punto de vista, teniendo en cuenta que les dejo el espacio mojado, con la arena removida, si que creo en el refranero, porque yo he estrenado la arena y he disfrutado de la paz y el silencio. Al siguiente le toca aguantar los gritos de los niños meones, las madres llamando a voces a los churumbeles para que se coman la tortilla y esa jodida pelotita, como diría Serrat, pasándole por delante de las narices al ritmo del toc, toc, toc, de las palas de madera. Seguro que cuando estos que han llegado a la playa de segunda mano lleven media hora, también se acuerdan del refrán. Ahí vienen. Me largo como las gaviotas que hace rato perdí de vista.

domingo, 12 de junio de 2016

And the Oscar goes to "volver a empezar"

Pues ya estamos otra vez de campaña electoral. Vuelta a las mismas películas, mismo reparto, mismo guión. Viejos discursos, ausencia de propuestas interesantes, pero bastante interesadas. Ya es tradición ver en la cartelera los insultos entre los hunos y los ostrogodos, que ya me los sé de memoria y hago un perfecto playback de ellos. Un completo aburrimiento, la verdad. Pero, sin duda, el resultado de estas elecciones se me antoja diferente. Con esta amplia gama de colores, como una pacífica primavera española, donde brota y rebrota la palabrería, siempre se me viene a la cabeza la serie juego de tronos, pero como sólo he visto una temporada y hace tanto que ni me acuerdo, no sé si existe algún paralelismo con el panorama político que tenemos.Ahí lo dejo. Como no soy afín a ninguna ideología y me dedico a sobrevivir, que no es poco, me cuesta bastante decidir mi voto, si es que voto, o si no voto, o si voto en blanco. Mi técnica suele ser el descarte. Vamos allá. Voy a partir de una cuestión que me parece básica. Empezaré con una linea divisoria, por supuesto horizontal, entre los que reparten pobreza y los que reparten promesas.
Los primeros son los ocupas de lo público, los de donde comen dos, comen cuatro, pero dos, siempre gratis. Los de todo es de todos. Y una porra, amigo, lo mío es mío que ya me lo curro. Hablan de descuentos, de nacionalizar y de nacionalismos. Lo que viene siendo un divide y vencerás. Son los actores secundarios que aprovechan la enfermedad del titular para hacerse notar. Los videntes de las ferias. Son los de los cupones descuento, los del mundo feliz en blanco y negro. Los que se alimentan con ideologías desfasadas de guerrillas medievales. Son los del gratis total. Los de la ley del embudo. Los que no hablan de empleo, porque no se si piensan trabajar en algo, o seguir siendo los reyes magos del sorpasso, porque no se si saben que tanta dádiva requiere bolsillo amplio, y que ese bolsillo siempre es el mismo, el de los que estamos cansados de trabajar para mantener el estado del "qué bien estás " gachón que no te falta detalle sin dar un palo al agua, o ganando más que nadie sin pagar merced. Son los que han unido sus fuerzas, que no sus esfuerzos, para arrasarnos disfrazados de aire nuevo, pero que huele a rancio y podrido. Son los que ahogan sin apretar.
Y después están los otros, los que reparten promesas, los de siempre y los de ahora, los de estás conmigo o contra mí. Son los que tiene claro cuál es la gallina de los huevos de oro porque llevan años explotándola, o viendo cómo la explotan otros. Los de los avances y la modernidad a base de billetes ajenos, enajenados. Los que te dan una y se llevan cuatro, y además tiran porque les toca. Los que hacen de los impuestos una montaña rusa que sube hasta la próxima campaña, pero que nunca cae en picado, seguramente porque la campaña es más rápida de lo que parece y siempre es mejor prometer que cumplir, ¡dónde va a parar!. Son los listos, los prácticos, los que hacen economía emergente y urgente, en lugar de poesía insurgente. Los que, como la espuma del cava, suben rápido para acabar haciendo agua. Los de la "trampaherencia". Son los que aprietan sin ahogar.
Así las cosas, me he quedado sin más opciones que, no votar, votar en blanco, hacer voto nulo o mandarlos a todos a tomar.....
Es lo cierto que no me resisto a una rima fácil. Pero, en serio, si algo tengo claro como el agua, es que prefiero lo malo conocido que lo bueno por conocer, y las promesas a la pobreza.
 Y ahora, vas y lo cuentas. 

miércoles, 8 de junio de 2016

Insert coin

No sé qué ocurre últimamente. Estoy agotada, física y mentalmente. Necesito unas vacaciones urgentes y remuneradas, como dios manda. Lo he visto claro cuando planchando una camiseta he encontrado en su bolsillo un cacahuete. Lo he planchado y ha pasado a ser un cacahuete tostado. Pero, mirando al pequeño tizón, tras su sesión distraída de rayos uva, no he podido evitar como si una voz de ultratumba me dijera, "niña, si es que pareces una máquina dispensadora". Y así es, así me siento, como una máquina desconchada, colocada en cualquier rincón de un centro comercial, mostrando en su gran cristal una variada cantidad de remedios, soluciones, consejos y alguna que otra bronca contenida. Llegar al trabajo es como si me enchufara y encendiera todas mis lucecitas atrae-consumistas. Petrificada veo pasar una tras otra a toda una colección de personas, a modo de paseo de los miis de la wii, tan iguales y tan distintos, que seleccionan producto y tiran de la palanca. ¡Tenemos la cláusula suelo, la tarificación adicional, el coche de segunda mano averiado, oiga! ¡Soluciones para todo! ¡ Tire de la palanca, señora, que yo le resuelvo su problema! ¡No se lo piense, señor, elija su solución entre la gran variedad de esta máquina! Es agotador. Ni siquiera me consuela la cara de satisfacción del que sabe que ha elegido el mejor producto. Y cuando dan las tres de la tarde y las luces se apagan, grito con todas mis fuerzas ¡GAME OVER! y hasta el día siguiente.

domingo, 5 de junio de 2016

No es un lunes cualquiera

El mejor día para ir a la playa, sin duda, es cualquier lunes de principios de verano. La playa te recibe con cansancio, con la resaca de los domingueros. Parece que mil batallas se hubieran librado en sus arenas y sus aguas. Y después de la tempestad, la calma. El lunes es el día de los que cierran por descanso del personal, de los guiris y sus hijos con extraño calendario escolar, de los jubilados, de los asuntos propios o de las vacaciones de ahora o nunca. En mi caso es el lunes de escapar para pensar. El lunes te permite ese espacio vital que no encuentras otro día. Ese silencio a tu alrededor que engrandece las olas, que te deja ver el horizonte. El lunes todo va más despacio, como queriendo alargar el día. El lunes precede al martes, ese otro día en que  vuelves a tu rutina y el lunes queda como el recuerdo de un momento feliz. Pero eso será mañana. Hoy, a explotar el día y cantar eso de "hoy será, será, será, mi primer día y mañana también, y el resto de mi vida....'

miércoles, 27 de abril de 2016

Asociación de ideas

Mira que plantarme en la provincia de Ávila y no comerme un chuletón... Tiene delito la cosa. Dos días completos, con sus noches incluidas y el menú tenía menos carne que un palillo de dientes sin estrenar. Mucha vaca, cabra y oveja rellenando el paisaje durante kilómetros, en los que se te iba haciendo la boca agua pensando en chuletas y quesos, para acabar recalando en mitad del campo, con preciosas vistas y con ranas, perros y pájaros de todo tipo y flores de lo más variado, dando con gente frugal, aficionada a la ecología y la vida sana. Oh my God, que diría mi amiga Mayte si se viera privada de tal manjar. Bueno, estoy segura que ella habría mandado la ecología a tomar viento y no habría parado hasta meterse entre pecho y espalda, un par de chuletones con medio queso de cabra, diciendo eso tan suyo de "esto está de mueeeerte".  A lo peor habría cogido una escopeta y habría puesto fin al cautiverio de la jabalí descomunal que habitaba en un corral perteneciente a la casa. Y luego, para bajar la comida se habría puesto a saltar en la cama elástica, dando gritos de alegría, y se habría subido a todos los árboles de los alrededores evocando su época de joven salvaje. Aún hoy es joven, y también un poco salvaje. Se le alegran los ojos cuando cuenta sus aventuras/locuras de adolescencia y dice ese famoso "riá" que nos hace reír y con el que indica un gesto brusco, que lo mismo sirve para retorcer el cuello a una gallina, que para arrearle un mamporro a algún indeseable. Y luego, al calor de la chimenea, tras un largo día en el que todos están destrozados, menos ella, que es como una central eólica, quizás hablando de películas y con el mismo entusiasmo que si fuesen las once de la mañana, te preguntaría ¿has visto la película tal o cual? y al contestarle que no, pondría cara de incredulidad exagerada, echando el cuerpo hacia atrás, como si el pecado mortal que es no conocer esa película la empujara, y diría ¿pero chica, cómo que no la ha visto? no puede ser. Pues es, Mayte, es, no la he visto, lo juro. Y entonces ella te hace un resumen a su manera, empezando por el final y mezclando las escenas más asombrosas con sus conclusiones. Y ahí interviene Diana, callada hasta entonces, y con cara entre risa y enfado la corrige y deja claro que cualquier parecido de su historia con la proyectada en el cine, es pura casualidad. Mayte se resiste un poco, pero al final claudica concediendo la razón a Diana y, en cuanto puede, cambia de tema. Es difícil enfadar a Mayte, antes se pone triste que cabreada, pero, en cualquier caso aguanta el tipo como nadie. Total, que nos quedamos sin chuletón, pero, la verdad, no me acordé de ello hasta que no pusimos rumbo al sur, y volví a ver las vacas, cabras y ovejas por esos campos verdes sin fin. Por suerte las gambas de Huelva están buenas en cualquier sitio y con buena compañía la comida es lo de menos. Y no, Mayte no vino a Ávila, pero le habría encantado.

lunes, 25 de abril de 2016

Tres eran tres y ninguna era buena.

Y no me refiero a mi amigas, que eran tres también y de las que podría escribir un libro si tuviera ganas, pero no es el caso. Aunque, por lo menos, las presentaré por sus nombres artísticos: La lirios, La niña de las hormigas y la señorita Pepi's. Andábamos celebrando tardíamente el cumpleaños de la lirios, como debe ser, a destiempo, alargando los plazos de las cosas buenas. Y mientras las horas transcurrían a su ritmo, la señorita Pepi's decidió que no hay cumpleaños que se precie que no tenga su sorpresa y así, cuando nadie lo esperaba, se puso blanca como la pared y se desvaneció. Para ser sincera dio más susto que sorpresa, y eso que la puñetera sonreía hasta desmayada y no paraba de decir que estaba bien, como si no hubiésemos sido capaces de entender su broma y lo que pegaba era reírse y no preocuparse. Pero que va, ni risa ni ostias, que diría Karra Elejalde, aquí se llama al 112 y punto. Y así lo hicimos, y nos llevamos otra sorpresa al comprobar que este servicio estaba compinchado con la señorita Pepi's y le seguía la macabra broma, sin darle mayor importancia al asunto. Pero no contaban con la astucia de la cumpleañera, ni con la de la niña de las hormigas, curtida esta última en historias de miedo y misterio, y así, ambas, haciendo alarde de rodaje en bromas pesadas, cogieron a la desmayada, la metieron en el coche y se la llevaron a urgencias. Al llegar al hospital, me planté en el  mostrador de admisiones para explicar lo ocurrido, lo más dramáticamente que podía y siguiendo al pie de la letra las indicaciones de la lirios, que me recalcó con insistencia que dijera que la desmayada se había puesto gris y había soltado un  ronquido, lo que en el guión de la sorpresa debía venir como efectos especiales, pero que en el argot hospitalario sonaría a ingreso en UCI. Pero qué frustración, apenas me dejaron hablar, un par de preguntas sobre datos personales de la enferma y nada más. Me dieron una pulserita de papel y varias etiquetas, como para seguir la fiesta con todo incluido. Pasé  a la sala de espera donde las tres amigas esperaban partidas de la risa, como si de una cámara  oculta se tratara. En seguida llamaron a "clasificación". No nos dieron los resultados de dicha clasificación, pero no debió  ser buena porque nos mandaron a otra sala de espera, creo que con la clara intención de castigarnos. Ya se sabe, quien ríe el último, ríe  mejor. Tomamos asiento en una banca pegada a la pared, para evitar ataques por sorpresa y sin imaginarnos que aquella sala de espera era, en realidad, el escenario de un sainete, de lo más divertido, al estilo de La Cubana, donde todo el público actuaba, entrando y saliendo por las diferentes puertas de las consultas, cada vez que su número, como en los 100 montaditos, sonaba por megafonía. Mientras esto ocurría, un guarda jurado se paseó lentamente por la sala, como si desfilara por la pasarela Cibeles, exhibiendo su porra y su walkie, y se metió por un pasillo al fondo de la sala donde intentó sin éxito abrir una puerta. Ni corto ni perezoso pulsó el botón de su walkie para hablar con la central de operaciones secretas, solicitando la clave que debía marcar en un panel con números para poder abrir la maldita puerta, que estaba todo el mundo mirando y la puerta sin abrirse después de darle cuatro tironazos. Este señor dejó bien claro su nivel mental al ir diciendo en alto, justo al tiempo que pulsaba los botones, uno por uno, los números de la clave para abrir la puerta. Suerte que nadie tenía interés en ver qué había detrás, que si no....Frente a nosotras se encontraba una señora, que llevaba, según nos dijo sin preguntarle nada, siete horas esperando diagnóstico. Quiero dejar claro que no me gusta criticar a la gente por su físico, porque eso supone que no tienen nada importante que criticar, pero, teniendo en cuenta que no es mi intención hacer crítica alguna, sino, tan sólo, contar lo que allí pasó, pues, la verdad, me resulta imposible pasar por alto esa Venus de Willendorf, con la cara de Benny Hill, y privar al escenario de sus adornos principales, dignos de un Goya. Qué digo Goya, de un Oscar de esos que hacen historia, que se comenta por los siglos de los siglos, como el relato de las hormigas, que dejo para otro día, no sea que esto me salga por dos tomos. La señora Venus estaba tan desesperada que se dedicaba a indagar en las miserias de todo el que pasaba por allí. Eso, hasta que llegamos nosotras y nos colocó como objetivo de su siguiente hora de espera. No dejaba de mirarnos con sonrisa exagerada intentando provocar una conversación que fuimos evitando hasta que, cansada de nuestras estrategias de escapismo, se lanzó al ataque y tras preguntar si estarían preocupados nuestros maridos y obtener risas por respuesta, decidió que éramos gente rara y seguro que no teníamos, así que, en un momento de silencio de la sala, la mujer nos gritó "niñas, lo que tenéis que hacer es buscarse un marido". Mientras ahogábamos una carcajada que habría provocado nuestra inmediata expulsión de aquella sala, por aquel avispado guarda jurado dispuesto para la acción, los ojos y las cejas se nos subieron simultánea y vertiginosamente hasta las plaquetas del techo, como si se nos acabara de cagar un pájaro. La señorita Pepi's casi se desmaya de nuevo, la lirios casi se cae de la silla, yo no sé cómo acabé sentada de medio lado y, para colmo, la niña de las hormigas se escondió detrás de su móvil y empezó a soltar comentarios de los suyos que nos obligaban a no mirar a la mujer para no morir de la risa. Ay madre, que cumpleaños más original. Hasta coraje nos dió que aquello se acabara cuando llamaron a la señorita Pepi's para decirle que todo estaba bien y que podía marcharse sin tratamiento ni nada. Si es que no hay mejor cura que la risa. Salimos de aquella película y nos fuimos a seguir celebrando el cumpleaños. Eso sí, me quedé con las ganas de decirle a la venus que lo que ella debía hacer era buscarse un potente Neptuno, recién salido del agua, con el torso mojado, que la pusiera mirando para las ermitas y después la atravesara con su tridente y la dejara clavada en la pared.